¿Quién eres, Amanda?

La llamada de teléfono me llegó cuando estaba saliendo por la puerta, tarde, a mi trabajo de camarera de verano en Londres. ¡Mierda!, recuerdo haber pensado, mientras giré sobre mi misma y cogí el teléfono. Y entonces todo comenzó.

-Amanda, soy el profesor Mckay-. Mi profesor de historia en la Universidad de Edimburgo. Madre mía. ¿Qué podría querer de mí a mediados de verano y cómo diablos me había rastreado hasta el sofá de mi hermano?
-Te llamo para decirte que vas a ir a Salamanca el año que viene con un nuevo plan de la UE llamado Erasmus. Me olvidé de elegir a alguien en el último trimestre. Voy a escoger a los tres primeros que encuentre que hablen español. ¿Tú hablas español, no?
-No demasiado, habría sido la respuesta honesta a esa pregunta. Mis padres vivían en Chile en ese momento y yo trabajé allí en un bar de sándwiches en una estación de esquí el verano anterior. Pero de "hamburguesa con patatas fritas" a "Renacimiento y Barroco" hay todo un mundo. -Salamanca. ¿Eso es en América del Sur?- Pregunté con esperanza.
-No, España, en medio de la nada- fue la respuesta. -Eres el número tres. Que tengas un buen verano-.

Así fue como aterricé en Salamanca, no estudié mucho de historia aquel año, al contrario de lo que esperaba, y no fue por un “macho ibérico”, sino por un alemán diez años mayor que yo, y fundé ISLA con él.

Salamanca me impresionó desde el primer momento. Los enormes edificios dorados y los frondosos jardines; los cafés en cada esquina llenos de tapas y gente gritona a todas horas; y el hecho de que aquí yo era una "rubia" ¡rubia por fin! ,en lugar de ratón británico con algunos reflejos.

Creo, y no soy la única, que el hecho de hacer tanta vida en la calle contribuye en gran medida a la alegría del sur de Europa. Como de todos modos, nadie está nunca en casa, hay poco tiempo para agonizar por los muebles de casa... o estar todo el día en chandal, para el caso. Los españoles se arreglan con cuidado... pero se dejan el pelo suelto con gusto.

Mi "dear dad" dejó de preguntarme si volvería a casa a buscar un trabajo en condiciones después de los primeros cinco años. Después de diez nos mudamos a Barcelona para hacer un segundo ISLA, nos casamos después de quince y volvimos a Salamanca más o menos a los 20 años de haber comenzado esta aventura.

Mi lugar favorito es la sierra de Francia al sur de Salamanca, donde disfruto de las piscinas naturales con mis sobrinos, aprovecho la sombra de los cerezos con una copa de vino blanco, me acurruco en la chimenea con un buen libro y hacemos largas caminatas con el legendario Loren, un maestro de escuela retirado de uno de los pequeños pueblos de la zona.

Aunque he vivido en España mucho más tiempo de lo que viví en el Reino Unido, en algunas cosas seré siempre británica: periódicos dominicales, pubs, comida de M&S, Golden Retrievers, “Mock the Week”, hombres sin gomina en el pelo; son como golosinas para mi cuando puedo disfrutar de estas cosas.

Pero supongo que soy muy afortunada y espero no sonar presuntuosa cuando digo que la vida en España es como un regalo la mayor parte del tiempo. Por eso si España está “llamándote" a ti, como lo hizo conmigo, ¡échale un vistazo!

Tres lugares favoritos en España: Vejer de la Frontera, Cadaqués y Balmaseda.
Tres lugares para almorzar: Quim de la Boqueria en Barcelona, ​​los Cocederos del Puerto de Santa María y Mirasierra en la Sierra de Francia.
Tres héroes: Greg Mortensen (Tres tazas de té) John Rebus (Serie de Ian Rankin) Chuck Bass (Gossip Girl).