CREA ¿Y qué hacemos con los desasosiegos?

¿Y qué hacemos con los desasosiegos en la clase de ELE?

Por Laura y Andrea

No importa cuántos años llevemos impartiendo clase, casi todos llevamos la misma mochila cada mañana cargada con una serie de preocupaciones: ¿estoy actuando de manera adecuada en clase?, ¿debería ser más firme o más benévolo ante algunas situaciones?, ¿les prohíbo usar Google Translator? o ¿qué es lo que puedo hacer para que los alumnos muestren interés por lo que les estoy explicando?

Cada día nos enfrentamos a situaciones en las que no siempre sabemos cómo actuar, si lo hacemos bien o lo hacemos mal, si hay una manera mejor o peor. Por eso en este post trataremos de darte las herramientas necesarias para que no te bloquees ante la adversidad y mantengas un buen clima en tu clase de ELE.

1. La anticipación

Profesor precavido vale por dos. Atendiendo a esta máxima, podemos adelantarnos a muchos de los inconvenientes que surgen en las clases a lo largo del año, estableciendo una serie de normas o recomendaciones. La mejor manera que hemos encontrado para aclarar este punto -y la más divertida- es proponiendo las normas entre toda la clase -nunca desperdiciemos una oportunidad para motivar la conversación en el aula-. De esta manera, las colgaremos en un lugar visible de la clase, y, si surge algún problema relacionado con el incumplimiento de alguna de ellas, podremos decir aquello de "no lo digo yo, lo hemos decidido entre todos". Un ejemplo de esto puede ser:

1. No se permite el uso de dispositivos móviles.
2. El idioma dentro del aula será el español.
3. El uso de traductores es siempre el último recurso.
4. No se permite comer durante las clases.
5. Quedan completamente prohibidos los insultos, las vejaciones y cualquier otro comportamiento inapropiado.
6. Se debe respetar tanto al profesor como al resto de compañeros.
7. Se deben respetar los turnos de habla.
8. Se exige puntualidad a la hora de asistir a clase.

2. Los problemas más frecuentes en la clase de ELE y sus soluciones

  1. El móvil

    Si después de haber establecido la norma de no utilizar el móvil en clase aún tienes alumnos que no lo sueltan o si, incluso después de haber mostrado cierta comprensión con estructuras del tipo entiendo que… pero…, siguen sacándolo, cambia radicalmente de estrategia. "Pasa el cepillo en clase". Hazte con una cestita para que al comienzo de la clase todos, profe incluido, dejen ahí sus móviles.

  2. Traductores hasta para respirar

    ¿Y qué hacemos con los que usan -o quieren usar- el móvil para traducirlo absolutamente todo? Lo más sensato en estos casos es tratar de explicar la palabra en cuestión o que sean los alumnos los que traten de averiguar su significado, aunque con niveles muy elementales a veces no da buenos resultados. El siguiente paso sería mostrar una imagen de la palabra en cuestión o, como último recurso, utilizar el traductor o el diccionario.

  3. Los pasotas

    Ante los alumnos que muestran desinterés, lo mejor que podemos hacer es averiguar el porqué. Quizá sea un problema personal que les afecta en su día a día o simplemente que no les gusta la clase o el idioma que están estudiando. En este caso podemos proponer distintos tipos de actividades para ver cuáles interesan más e intentar hacer cosas más dinámicas. Como docentes, es importante que utilicemos todos los recursos a nuestro alcance para captar el interés y la atención de nuestros alumnos.

  4. Charlatanería

    Durante nuestro ejercicio docente podemos encontrarnos con dos situaciones diferenciadas: una clase en la que todo el mundo habla y es casi imposible avanzar y un alumno que habla por los codos. Para la charlatanería generalizada, algo que funciona muy bien es bajar el tono de voz o incluso callarte del todo si ves que no funciona. Gracias a esto, enseguida se dan cuenta de que algo no va bien. Lo que no haremos nunca es elevar el tono de voz para hablar por encima de ellos; antes, es preferible invitarles a charlar fuera del aula. En cuanto al caso del alumno parlanchín -pese a que en principio podría ser positivo pues te puede salvar más de una clase, a la larga no lo es-. debemos evitar que coarte al resto de la clase. Por eso, es conveniente, en estos casos, preguntar de manera directa a cada alumno en vez de preguntar de manera general para que solo hable el parlanchín.

  5. Cuando en clase se habla de todo menos español

    Si establecemos la norma de "el idioma dentro del aula será el español" (2) y nos cuesta que nuestros alumnos la pongan en práctica, puedes optar por no contestar a nada que no se pregunte en español, e incluso fingir -de manera divertida- que no conoces el idioma en el que hablan. Una dosis de humor pero con un mensaje claro.

  6. Las preguntas incómodas

    Finalmente, en ocasiones nuestros alumnos nos hacen preguntas que no sabemos muy bien cómo contestar. Si es una pregunta personal, podemos responder con naturalidad siempre y cuando no esté fuera de lugar, en cuyo caso, de manera educada, deberemos decirles que no es una pregunta apropiada. En cambio si es una pregunta de la que no sabemos la respuesta -es totalmente comprensible, no somos Google- tenemos varias opciones: como preguntar si alguien de la clase lo sabe. Si es que sí, duda resuelta; si es que no, proponer que lo busquen para mañana; o bien decir con sinceridad que no sabemos la respuesta, pero que mañana se la resuelves. Con franqueza siempre se encuentra una buena solución.

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